Wednesday, 27 May 2009

Para los caballeros es imprescindible el uso de americana y corbata



Los que me conocen mínimamente saben que no soy muy dado a las formalidades. El protocolo, como tantas otras reglas sociales, me provoca un rechazo casi irracional. Aún así, el martes decidí afeitarme y me puse uno de los tres trajes que tengo a sabiendas de que, al menos en mi oficio, es relativamente imprescindible cumplir con un mínimo de preceptos y, desde luego, en ocasiones hace el trabajo mucho más sencillo. El grado de convencimiento no era suficientemente fuerte como para obligarme a sacar del cajón de los inservibles una corbata, la prenda que más detesto y en mi modesta opinión, una de las creaciones más absurdas en la historia de la humanidad.
Eso sí, consciente de que la cita era de alto copete, conjunté razonablemente un traje gris claro de verano con un polo negro de hilo y unos cómodos pero aparentes zapatos de piel.
La cita, organizada por uno de los empresarios más representativos del país, se celebraba en el renombrado Zalacaín, un exclusivo e ilustre restaurante que presume de haber deleitado el paladar de monarcas, políticos, “premios nobel” y otras grandes personalidades.
Aunque García Márquez – premio Nobel de literatura, por cierto - lo considera “el mejor oficio del mundo”, yo soy plenamente consciente del concepto de “canallesca” que en términos generales se tiene de la clase periodística en España. Por eso estoy más que acostumbrado a los prejuicios y me niego a jugar a ser quien no soy. Muchos de nosotros nos vemos inevitablemente arrastrados a las realidades que cubrimos al sentirnos erróneamente parte de los universos en los que nos movemos exclusivamente en el ejercicio de nuestra profesión. En mi caso, todavía acierto a distinguir el apretón de manos, el chascarrillo o la afabilidad de un financiero, político o primer ministro cuando se dirige a la clase periodística como si fuesen antiguos compañeros de colegio. Pero se sorprenderían de la cantidad de compañeros que he visto reconvertirse sin remedio en pseudobanqueros.
La reunión del martes, una tradicional cita de confraternización que realiza anualmente la empresa en cuestión con la clase periodística, es una de esas en las que sabes que, aunque sin compromisos, hay que mantener un cierto formalismo. Es por eso que, pese a mi tendencia al descuido en el vestir, acudí elegantemente presentable a la cita, dentro de la subjetividad asociada al término “elegante”.
Aparqué mi motocicleta convenientemente alejada de la puerta de esa grandiosa casa de comidas que debe su nombre a la inmortal obra de la picaresca imaginada por Pío Baroja – por cierto, con una extensa labor periodística -. Dejé el casco y la cazadora en el maletín trasero, me atusé los cuatro pelos que todavía me quedan y, enfilé decididamente las escaleras de la entrada. Mi primera sorpresa fue no recibir respuesta alguna a mis “buenas noches” de parte de una señora que me recordó a la inquietante ama de llaves de Rebeca. Tras hacerme un repaso visual digno de un jurado en un festival de belleza y constatar que no llevaba arma alguna en las manos, la señorita Rottenmeyer me inquirió: “¿Dónde va usted?”. Su actitud me produjo un suave calambre cerebral que me transportó por un momento a mi época de estudiante cuando pretendías entrar “sin invitación” en determinadas salas de fiesta. “Voy a una recepción organizada por XXXX”, dije con timidez. “Pues no se puede pasar sin corbata”, me contestó mientras constataba que el blando cuello de mi polo de hilo difícilmente aguantaría el nudo, ya fuera windsor o cruzado, de la pieza de seda que sin duda estaría dispuesta a prestarme. “No hay ningún problema, señorita”, dije sin alterarme y desanduve mis pasos . Pude haber pedido que avisara a X o Y, o tratar de explicar a esa maestra del protocolo que estaba invitado por un grupo que había cerrado el restaurante y que, por lo tanto, entendía que estaba sujeto a otras reglas. También pude haberme entretenido en explicarle que ni siquiera había constatado mi identidad ni la del medio al que representaba. Pero ¿saben qué?, creo que aquel día me dejé la humildad en casa, con la corbata. De repente me llenó una placentera sensación de conciencia de clase. Me enfundé la ropa de la moto y enfilé la A-6 reflexionando sobre lo jodidamente incomprensible que es este mundo en el que convivimos con muchos talibanes que se niegan a salir del armario.

Tuesday, 19 May 2009

Chau viejo



Pasatiempo

Por Mario Benedetti

Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía.

Luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque un océano
la muerte solamente
una palabra.

Ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros.

Ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.

Monday, 4 May 2009

Extranjero de sí mismo


Era la primera vez que no se reconocía en el espejo. Hubo muchas posteriores, pero ninguna le produjo tal conmoción. La preocupación que le atenazaba hacía tiempo se convirtió definitivamente en pánico. Hacía unos meses que estaba experimentando una extraña sensación de aislamiento impropia de su carácter vehemente e inexorablemente comprometido. Los primeros días la percepción le produjo más que nada desorientación, incluso pudo disfrutar de un cierto placer al observar la falta de reacción a situaciones que normalmente recibían una respuesta muy pasional de su parte, incluso excesiva a juicio de algunos para un organismo demasiado acostumbrado a problemas digestivos y tensionales. Pero, con el paso de los días, el nuevo carácter fue soldándose tenazmente a su temperamento y acabó por convertirlo en un extraño para sí mismo. Se veía totalmente ajeno a las vivencias que experimentaba su cuerpo. Los sentidos apenas le pertenecían y empezó a ver como desconocidos al restringido grupo de quienes consideraba cercanos. Estaba fuera de las conversaciones y más lejos aún de las discusiones que habían forjado su vida y relaciones. Se sintió desterrado de su propio cuerpo y cada vez realizaba visitas al baño con mayor frecuencia con el objetivo único de que el espejo le devolviese una imagen de sí mismo que era incapaz de recordar sin ayuda. Aquel día, cuando sus padres, mujer, hijos, hermanos y compañeros le devolvieron un gesto socarrón desde el cristal del baño creyó morir. Pero poco después lo entendió todo. Aquel cuerpo se había convertido, por fin, en el hombre que tanto anhelaban los suyos y lo mejor era dejarse llevar.

Wednesday, 25 March 2009

Rabia


Todavía les sorprendía el sonido seco pero casi palpable de la nariz al quebrarse. Seguían excitándose con el crujir de las falanges y lo fácil que resultaba hacer brotar sangre de los párpados. Les hacía sentirse bien patear a sus víctimas en el suelo. Buenos momentos, buenos colegas. Como cuando rociaban de gasolina a los ratones del barrio y les ponían una mochila de petardos con cinta americana antes de partirse el pecho con el reventón de los putos roedores.

Cuanta más perplejidad percibían en la víctima, mayor era su grado de satisfacción. Les gustaba esa sensación única de poder en el sentido más amplio de la palabra. Como cuando sus padres repartían hostias en casa. Pero aquel día se les fue la mano, quizás se habían pasado de farlopa o simplemente no supieron calcular la fragilidad de la cavidad torácica del chaval. Las Doc Martins que levantaron a aquel guiri maricón mientras suplicaba en inglés hicieron un trabajo perfecto. Reventaron el saco pericárdico del joven como si fuese papel de fumar.

En el talego las reglas cambiaron y con ellas su concepto del mundo. - Qué hijadeputa es la vida, se dicen mientras arrancan las patas izquierdas de una descuidada cucaracha para condenarla a un círculo eterno.


Wednesday, 14 January 2009

Las dudas de Oli


Me desarma cuando me mira ligeramente estrábica a través de esas gafotas de plástico azul celeste sujetas milagrosamente por una nariz minúscula. Me encanta y a la vez me acongoja cuando duda, no se sabe si porque le gustaría darte la respuesta que necesitas o porque de verdad no recuerda cuestiones tan banales como con quién ha jugado en el patio o si la seño ha regañado a alguien ese día. “Bueno mmmm, no sé” “Creo mmm no sé”, dice sin centrar la vista, dibujando con los labios un gesto imposible entre la tristeza y la risa contenida. Siempre está pendiente del bienestar de cuantos la rodean, abriga a los débiles en cualquier circunstancia. Es excepcionalmente generosa. Tal vez simplemente por eso no quiere contrariar a nadie y prefiere utilizar esa muletilla que me revienta cada día el ánimo y a la vez hace aumentar hasta el infinito la ternura y el cariño.¿Por qué? Bueno, mmm, no sé.

Tuesday, 18 November 2008

Reforma


Tras meses de reflexiones circulares he decidido que no voy a cambiar de vida. Demasiadas complicaciones. Supongo que con una reforma puedo tirar los próximos años.

Wednesday, 13 August 2008

Personal en ataque


La decisión arbitral fue tremendamente discutida. Dos tiros libres y saque de banda como dictan las reglas si quien las impone considera que la acción ha sido intencionada. ¿Corrección política?, ¿Humor mediterráneo?, ¿mal gusto?, ¿racismo trasnochado?, ¿o, simplemente, estupidez?. En todo caso, el león de la prensa, particularmente hambriento en el estío del mes de agosto, tiene carne para rato.

Thursday, 26 June 2008

Lola

“Mi vida plena terminó en el baño de una habitación de un hospital de monjas, antes de una operación, cuando me fumé a escondidas un Gold Coast. No sabía que iba a ser el último”.
Ese día, pese a la preocupación lógica por la vesícula, la biopsia y la anestesia, mostraba su cara habitual, apenas se sonrojó cuando la enviada de Dios y del médico la sorprendió con el sujetador en la cabeza mientras jugaba a perseguir a su hija a bordo de un caza perfectamente imaginado.
Su vida era mejor cuando fumaba. Desde un punto de vista objetivo. El mecanismo pulmonar es definitivamente mejor hoy; la salud, probablemente también, pero la vida, así, en su máxima expresión, es más jodida. Hoy es plenamente consciente de que el sabor del cigarrillo no es agradable, pero la rutina diaria a la que está tan enganchada también es una mierda. Cuando yo la conocí fumaba alrededor de una cajetilla de rubio al día, tenía el gesto y las arrugas del fumador, probablemente también la epidermis, pero en estos últimos años en pocas ocasiones he podido apenas intuir el brillo que irradiaba su mirada, la candidez de su sonrisa y un sentido del humor único.
El otro día reconoció que todavía añora el humo del cigarrillo y que se muere de envidia cuando algún grupo de cabrones baja a la entrada del edificio a quemar la ansiedad con un pitillo. Me recordó entonces que durante un tiempo fumó “Lola” un cigarrillo mítico elaborado por Tabacalera cuya cajetilla parecía diseñada por un Warhol hortera pasado de éxtasis. “Jamás conocí a otra persona que fumase Lola”, me dijo. Hizo una auténtica evocación de recuerdos asociados al objeto, al color de la cajetilla, el olor y el sabor de aquellos cigarrilos. Se extendió en detalles sobre un peculiar aroma en el que se mezclaban alegremente la Madreselva, el azúcar, la miel o la manzanilla. “Dejé de fumar ese tabaco hace unos veinte años, pero es curioso porque recuerdo el olor como si fuera ayer. Ójala pudiera decir que olía a Madreselva, cuyo olor me encanta, pero al aire libre porque el arbusto encerrado, sin aire, huele empalagoso. No, más bien olía a limpio, como dulzón, tenaz y al mismo tiempo desagradable como la manzanilla que tanto detesto. Era más olor de incienso que de tabaco, no sé si me entiendes”.
“Joder, qué ganas de fumarme un cigarrillo. No quiero un Lola, ni un Gold Coast, prefiero un Marlboro, siempre hubiera preferido un Marlboro”.

Thursday, 10 April 2008

Marta


Jaspe rojo levemente cardado, océano en los ojos, mejillas cinceladas, almohadillas encarnadas en los labios, piel blanca, enrojecida selectivamente por el viento. Ya nos conocíamos, aunque ninguno de los dos lo sabía en aquella noche de primavera semiotoñal. Me impresionó la candidez de su rostro, la ternura de su mirada, la honradez de sus gestos. Enseguida supe que quería abrigarme con ella el resto de mi vida. Han pasado veinte años y todavía se empeña en quererme. Qué generosa ha sido la diosa Fortuna.

Tuesday, 18 March 2008

Castillos de cartón



Los acordes de un romance asoman por una de las estancias del castillo. Una docena de pequeños bufones en verde y rojo entona la letra bien aprendida con un grupo de damas de tonos encarnados mientras en la torre próxima un nutrido escuadrón de caballeros armados con papel de plata se deja devorar por los nervios antes de librar la que probablemente sea su primera batalla. Dos pacíficos dragones de diez piernas recorren torpe y desacompasadamente el pasillo. El cuerpo del Conde Olinos ya ha sido atravesado por las lanzas, su sangre no era real. En la Almena principal, El Cid y sus caballeros se preparan para un triste destierro mientras Doña Elvira y Doña Sol, unas valientes hijas travestidas, ultiman los detalles de una boda no deseada. A escasa distancia, un desorganizado ejército vikingo ensaya técnicas de ataque tras unos escudos de cartón. Pequeños caballeros se ajustan los yelmos y petos de gomaespuma, cuando empiezan a sonar los primeros avisos de la justa. Es jueves de Carnaval en el cole de La Navata cuando una cetrera acaricia a un temible halcón de cartulina hambriento de papel. Los infantes, caballeros, damas, reyes, guerreros, lecheras, sacamuelas, bufones y plebeyos sonríen con los ojos. El generoso sol, disfrazado de Reina Primavera, empieza a ponerse. Gargantas desgastadas, pies doloridos, calzas polvorientas y un álbum de recuerdos cierran formalmente la Edad Media.

Tuesday, 5 February 2008

Simbología de croché


Su madre presumía de ser la mejor bordadora de Berriozar. El ganchillo no tenía secretos para ella, desde el punto de cruz a la horquilla. Abandonó el nido familiar con un amplio ajuar compuesto por dos pesadas colchas, media docena de manteles, fundas de almohada, un precioso mantelito para colocar encima del televisor y un juego de toallas con puntillas azul celeste realizadas a mano. En cada aniversario su madre sumaba una creación cada vez más sofisticada al museo de la labor en el que se había convertido su domicilio. Una funda para el móvil, un maletín para el portátil, una cartuchera para la Beretta, incluso llegó a fabricarle una funda para su Yamaha Special que era la envidia de los vecinos de su urbanización. Lo que nunca pudo sospechar su madre es que un día, aquel cuadro en el que una serpiente de lana de algodón abrazaba a un hacha pixelada terminaría por convertirse en prueba circunstancial para la encarcelación de su amado hijo. Eso sí, sus creaciones en ropa interior de bolillos hicieron furor entre los compañeros del trullo.

Tuesday, 29 January 2008

Mientras mi guitarra llora


La Gibson Les Paul de Eric Clapton llora suavemente para tí esta noche. Israel pide perdón 43 años después. Feliz cumpleaños Fer.

Tuesday, 8 January 2008

… Dulce Navidad


La mía, otro año más, debía de estar caducada. Todavía aprietan los retortijones, cabalga la fiebre y perdura el agrio sabor de leche cortada y lo curioso es que el virus debe de afectar sólo a según qué intestinos porque mis niños, que han comido hasta el hartazgo la misma Navidad que yo, están radiantes. Creo que me voy a hacer un completo chequeo médico no vaya a ser que ande bajo de defensas o haya desarrollado una Naviditis en toda regla. Llevo años soñando con un viaje lejano en tan señaladas fechas para atajar los síntomas, pero la tradición de ese “Gran Hermano” que programan en mi casa me llena de remordimientos. Con un poco de suerte consigo prescripción médica para abandonar la casa con el fin de evitar una crisis alérgica. ¿Y el turrón? Igual en helado no me provoca ninguna reacción, ¿no le parece, doctor?

Monday, 10 December 2007

¿Fumas bonzo?


Es curioso este mundo de mierda en el que abundan los hijos de puta y los axiomas. Tan raro es el día en el que no te cruzas con el retoño de una grandísima meretriz como aquel en el que alguien sentencia alguna de esas teorías montadas sobre principios indemostrables y, por lo tanto, indiscutibles. A mí, que tengo un magnetismo brutal hacia las heces y la culpa, que tiendo a verme reflejado exclusivamente en el lado ofensivo de la realidad, estos inevitables tropiezos diarios me dejan jodido durante días, meses o años, dependiendo de los antidepresivos que sea capaz de ingerir para tratar de mirar a través de unos ojos que definitivamente no son los míos.
Además de asegurar que acabaremos con un cáncer del tamaño de una ballena azul y de ser responsables de gran parte del déficit público por el enorme gasto sanitario que generamos, ahora resulta que también los fumadores somos los que quemamos los bosques, edificios, iglesias o los juzgados. Me han contado que la pobre mujer senegalesa que se prendió el fuego el viernes frente a la alcaldía de Roma en realidad pretendía simplemente encenderse un cigarro, la muy canalla.

Monday, 19 November 2007

Zoe, Mani y el infinitivo


Melouda se expresa en un castellano bastante precario, la verdad, pero se hace entender por los niños. De hecho, debo admitir que la comprenden casi mejor que Marta y yo. Además, para hacer más fluida la conversación vengo observando que utilizan frecuentemente el infinitivo y omiten las preposiciones a la hora de comunicarse con ella. “¿Dónde tú poner bolsa canicas?” dice Diego despacio y marcando con los labios cada palabra como si fuera maestro en una escuela de sordomudos.
Y yo me vuelvo loco cuando trato de averiguar dónde colocó mis tobilleras para el baloncesto o la púa de la guitarra – me pregunto cómo se dirá púa en árabe-.
La pequeña Zoe, que pese a sus tres años maneja el lenguaje con bastante habilidad, ha tomado como en casi todo el ejemplo de los hermanos y esta mañana me preguntó:
- “¿Hoy no venir Meluda?”.
- No hija, está en Marruecos, respondí apenas conteniendo la risa.
Entonces me sorprendió con un nuevo alarde de inteligencia al cuestionar:
- ¿Hoy no haber papilla?
Pedazo de silogismo. Si me llega a dar tiempo le hago la papilla a la pobre, se la habría merecido porque lleva razón, joder, cuando estar Melouda cosas ser mucho más fáciles, zumo, tostadas, papilla, cepillos de dientes … todo preparado, todo bueno, todo bien, todo a tiempo.
Nuestra perra, Mani, que también aprende lo suyo en esta casa llena de gente, demostró también que sabe utilizar el infinitivo cuando la situación lo requiere. Me fue imposible hacerla salir al jardín y no me quedó más remedio que claudicar y dejarla cómodamente recostada en su colchoneta.
No salir, mucho frío, Melouda deja – me pareció oir mientras cerraba la puerta.

Thursday, 8 November 2007

Discusión


Nadie me ve en este día lúgubre. El oído humano no parece percibir la frecuencia de mis lamentos. Definitivamente debo de estar muerto.

Thursday, 25 October 2007

Coma


A pesar de la insistencia de los médicos, el hombre estaba seguro que su esposa podía escucharle. Cada tarde al salir del trabajo la visitaba en la habitación 543 del hospital en el que fue ingresada cinco años antes tras sufrir un aparatoso accidente de tráfico.
Cuando él se recuperó de la leve lesión cervical compartió interminables noches en vela esperando un resquicio de vida, sin perder la esperanza. En pocos días reconocía palmo a palmo la habitación. Podía andar a oscuras sin tropezar desde el extremo de la ventana hasta el baño aunque a ella parecía no afectarle ni el ruido ni la luz. Ni los tímpanos ni las pupilas respondían a estímulo alguno.
Era una habitación individual, grande para lo que puede uno encontrar en un hospital público pero sórdida. Fuera cual fuese la enfermedad que le hubiese llevado a uno allí, el olor, el blanco grisáceo de las paredes y los suelos siempre limpios, pero siempre aparentemente sucios, invitaban a la amargura. Un sillón de piel vuelta marrón que había dejado ya al descubierto la goma espuma acompañaba la cama. En la mesilla de la habitación, hierro con contrachapado blanco, él había colocado, en uno de esos marcos de todo a cien, una foto de su niña jugando con un cubo y una pala en la arena de la playa murciana. Sonreía al objetivo, como solía hacer cada vez que se percataba de que había una cámara. El cabello al viento, largo como a su madre le gustaba, estaba algo más rubio de lo normal.
Pero ella jamás se volvió para mirarla, ni para comer, ni para nada. Desde hacía casi 2000 días no podía articular ni uno sólo de los músculos, su cuerpo descansaba inerte en la cama. La falta de respuesta muscular espontánea- dijeron los médicos- incluye la respiración. Así, con respiración asistida, conectada a un medidor de impulsos alemán de última generación que jamás había tenido oportunidad de mostrar sus cualidades y alimentada por vena, sobremurió en los últimos y largos años.
Pero él se empeñaba cada día en recitarle alguno de sus poemas favoritos, leerle novelas negras por capítulos o contarle cuentos que se inventaba sobre la marcha, como solían hacer cuando su cerebro estaba vivo.
Procuraba emplear el tono adecuado para generar un clima de tensión que le obligase a estar alerta, elegía los poemas más tristes buscando conmoverla, pero no respondía.
Laura y Noemi, las enfermeras que habitualmente atendían a su mujer, le trataban con auténtico cariño. Hacía tiempo que él prefería no hablar con los médicos y ellas se compadecían de él y su desgracia. A diario le ofrecían una de las bandejas de merienda o cena que puntualmente
servían a los otros enfermos de la planta, aunque él casi nunca tenía apetito.
Una tarde le pareció ver que su mujer movía uno de los párpados mientras un impresionante alboroto se escuchaba en la habitación del cuarto contiguo donde habían ingresado a una mujer con una lista familiar interminable. Prefirió no decir nada a los médicos, todas las veces que le pareció notar algún cambio en los primeros meses le aseguraron que era normal que a él se lo pareciese, pero que debía hacerse a la idea de que su mujer jamás se recuperaría. Terminaron por alargar las visitas y finalmente no hacer ningún caso a sus llamadas.
Al día siguiente se llevó la grabadora y puso a todo volumen una cinta con ruido de tráfico y bocinas. En la otra cara grabó los gritos vespertinos de los niños en la piscina de la urbanización. Pero el cuerpo no se inmutó.
Por la mañana media docena de niños con un perro despistaron al guardia de seguridad del edificio y subieron hasta la planta quinta, habitación 541. Cuando la enfermera de turno se acercó a la habitación para advertir que no armaran tanto jaleo, el perro, un yorkshire minúsculo, salió a toda velocidad hacia el pasillo.
Mientras los funcionarios, incluído el guardia de seguridad, trataban de encontrar al animal, el Yorkshire estaba tumbado en la habitación de la mujer sin dejar de observar los cables conectados a distintas terminales. Le pareció que le llamaba. Subió a la cama y se recostó a sus pies.
Cuando a media tarde volvió el marido dispuesto a conectar de nuevo el magnetofón, esta vez con el sonido del metro y el ambiente de la oficina, el perro se asustó. Trató de atraparlo justo en el momento en el que el Yorkshire se precipitó sobre el dedo gordo de la mujer y lo mordió con fuerza. La mujer abrió los ojos por un instante, se volvió de inmediato a mirar la foto de su hijita y preguntó: ¿Cómo está?.
Murió, mi amor, igual que tú, contestó su esposo.

Noticia: En Los Angeles, un perro mordió que el pie de una mujer, que despertó de un estado de coma de varios años para morir poco después.

Wednesday, 17 October 2007

Bon apetit


La Moulinex de 2.100 watios aspiraba con ferocidad. Le acoplaron el accesorio previsto para limpiar en los rincones más difíciles y cumplió. Se alegró de haberse dejado convencer por el representante de la marca y haber gastado un poco más en un modelo industrial de altas prestaciones.
Hacía años que Don Félix hallaba en el aparato digestivo y no en el reproductor sus momentos más placenteros. Disfrutaba con el antes, el durante y el después como un auténtico gourmet. Sabía acompañarse de un buen caldo, remataba con los mejores licores y, ocasionalmente y pese a la prescripción médica, se regalaba algún Habano de singular dimensión.
Qué voy a pensar de Cuba yo que siempre la llevo entre mis labios?, le gustaba decir en cuanto tenía oportunidad citando una ingeniosa respuesta de Churchill preguntado sobre su opinión de la isla caribeña.
Se jactaba de conocer los mejores manjares de cada región, los más selectos vinos y los locales más adecuados para catarlos.
Para empezar tomaré una tapa de queso de La Serena y los huevos de codorniz. Después me va a traer las migas del pastor y la caldereta de cabrito, todo regado con un Campobarro Cencibel del 94, dijo al camarero del restaurante extremeño nada más apoyar sus cien kilos largos de peso en la silla.
A ninguno de los empleados del restaurante les sorprendía ya el tamaño del pedido. La cocinera ponía un especial empeño en la preparación de sus platos a sabiendas de los exquisitos gustos del cliente y los camareros le agasajaban con un trato privilegiado pese a, o quizás precisamente por, haber recibido en numerosas ocasiones humillantes reprimendas.
Terminados con placer los entrantes-disfrutó muy especialmente con los huevos de codorniz- y sin dar tregua al estómago, Don Félix encaró con decisión la generosa ración de migas. A medio camino entre la faringe y el esófago empezaron a asentarse los restos de pan a fuego lento, pimentón, ajo, chorizo y uvas. El color rosado de su rostro comenzó a ganar matices de rojo y rápidamente osciló por las distintas gamas de violeta.
Alertó al camarero con violentos gestos antes de desplomar sus cien kilos largos de peso sobre el piso mientras se echaba mano a la garganta sin poder articular palabra.
Clientes y empleados le rodearon mientras discutían sobre la conveniencia de darle líquidos o atiborrarle de miga de pan.
El dueño del local, de rápidos reflejos, recibió instrucciones por teléfono de su médico. Le abrazó desde atrás y haciendo un puño con las dos manos le propinó golpes secos justo debajo del esternón. Pero Don Félix seguía luchando contra la asfixia.
Pese a lo extraordinario de la propuesta, el dueño enchufó el aspirador, acopló el accesorio para rincones difíciles y lo introdujo a toda potencia en la garganta de Don Félix. En pocos segundos los cien kilos largos se convulsionaron y vomitaron buena parte del suculento manjar. Esta vez los chicos del restaurante se habían ganado una buena propina.
Noticia: Un japonés se atragantó mientras tomaba sukiyaki, un plato pastoso. Su nieta le salvó la vida con un aspirador siguiendo las instrucciones telefónicas de un médico experto en emergencias.

Monday, 8 October 2007

Test


- Ante todo, la seguridad. Que corra más o menos no es demasiado importante, casi todos corren ya más que suficiente, lo que realmente nos interesa es un coche seguro. Los ricos son ricos hasta para eso y si no, fíjate, cuántas veces has visto que los muertos en accidente condujesen un Volvo o un Mercedes, le dijo a su mujer.
El coche contaba con todos los mecanismos inventados para tratar de reducir el riesgo en caso de impacto. Dos terceras partes del catálogo estaban dedicadas a definir los distintos sistemas de seguridad: ABS, Airbags delanteros y laterales, EDS, estabilizador de tracción, barras de protección lateral, estructura de deformación controlada, asientos “anti-submaring”, carrocería de alta rigidez torsional, suspensión “anti-drive” y un montón de marcas de siglas impronunciables.
El tiempo era excelente. Ni una nube para despistar al sol y una temperatura primaveral. El coche se movió seguro, en curvas cerradas y abiertas, bajadas y subidas. Cuando empezó a llover también la máquina parecía atada al suelo. Con el hielo fue algo distinto, pero el sistema inteligente de tracción permitía maniobras impensables con otros coches.
Volvió a salir el sol, la recta era inmensa. En el asiento trasero los dos bebés estaban sentados cómodamente en unos recios asientos de seguridad desmontables cuando fueran adultos. Delante, la mujer y el hombre tenían perfectamente abrochados los cinturones de seguridad y sus cogotes descansaban sobre un reposacabezas con dispositivo extensible en caso de impacto.
No intercambiaban palabra y los niños estaban perfectamente dormidos, no precisaban reponer combustible ni ellos sentían necesidad corporal alguna, así que no tuvieron que hacer paradas. Enfilaron la recta con decisión, el cuentarevoluciones lamió el rojo, primero en tercera, luego en cuarta y más tarde en quinta. 130, 140, 160, 190, 210 kilómetros por hora. La respuesta era excelente.
Se deslizaron por un badén de esos que normalmente provocan un cosquilleo que apasiona a los niños, pero ni se inmutaron, justo antes de que el vehículo se estampase contra un muro de hormigón a más de 160 kilómetros por hora.
Los ingenieros habían hecho un buen trabajo. La estructura delantera se deformó, saltaron los airbags y los reposacabezas mitigaron el impacto cervical.
La mujer y el hombre estaban prácticamente en el mismo estado que cuando montaron en el coche. Algún moratón de más y quizás una fractura en el fémur del hombre. Era mucho mayor que ella y probablemente el grado de descalcificación de los huesos era muy superior.
En la parte de atrás los niños no mudaron el gesto. La cabeza del más pequeño estaba muy inclinada a la derecha, pero nadie se preocupó demasiado porque cuando murió se le había roto el cuello en el impacto.
Los técnicos brindaron con champán. La prueba había sido un éxito y el responsable del servicio de estudios de seguridad se apresuró a felicitarles. La maquilladora tuvo que aplicarse a fondo para preparar los cuatro cadáveres para las siguientes pruebas. Había que ajustar una furgoneta familiar que no había pasado con éxito la prueba del Alce.
- Vamos a comprar este, cariño, te digo yo que para esta gente la seguridad está por encima de cualquier cosa, insistió el hombre ante las retitencias de su mujer.

Noticia: Una de las primeras marcas de vehículos reconoció haber utilizado 400 cadáveres en sus simulacros de accidentes para aumentar la seguridad de los coches.

Tuesday, 2 October 2007

'Password'

Tuvo que llamar al portero del edificio para que abriese la puerta de la oficina, había estado cuatro semanas de vacaciones y era incapaz de recordar la clave de entrada. Una vez dentro, le resultó imposible encender el ordenador por sí mismo, no recordaba ni el código general de la empresa ni el suyo particular. En la central le dieron una nueva identidad informática y una nueva clave secreta que debería cambiar no más tarde de una semana. Para acceder a los ficheros que necesitaba en internet se vio obligado a utilizar los datos de un compañero ante una persistente falta de memoria que empezó a preocuparle. De vuelta a casa se tragó un atasco impresionante que hubiese podido evitar de haber recordado la clave para encender el autoradio y haber escuchado, como hacía cada tarde, los boletínes vespertinos de tráfico.
Mientras reponía combustible en la estación de servicio próxima a su casa - gracias a que en la tapa del depósito especificaba bien a las claras que el vehículo utilizaba gasolina sin plomo - trató infructuosamente de memorizar los cuatro números de la clave de su tarjeta bancaria. 4, 8, 5, 7, 3,1416, 1!!!
Como si su vida dependiese de ello, se juró a sí mismo que acabaría por descifrar cuál de los cuatro adosados que poblaban la calle a la que le había llevado su instinto sería el suyo. Creía recordar que tenía dos perros, así que supuso que los dos guardianes negros que se levantaban cerca de un metro del suelo ladrando insistentemente no le harían daño y traspasó sin demasiadas dificultades la puerta del porche. No tuvo necesidad de encontrar la llave adecuada puesto que la puerta no estaba cerrada. Se fue al sofá, pero no pudo sentarse porque tampoco recordaba la clave de acceso y el sillón de tres plazas le escupió nada más apoyar el trasero en el cojín de cuero negro.
Amaneció con una fuerte erección. No sabía quién era aquella mujer que dormía plácidamente a su lado, desnuda. No distinguía su rostro ni sentía afecto por ella. Descartó la idea de despertarla y preguntarle su nombre y simplemente optó por rozar con la mano la cadera nívea de aquella mujer. Depositó algo parecido a un beso sobre el primero de los huesecillos de la larga fila que recorría por su eje la espalda de la mujer, esperando que se despertara. Pero la mujer no despertó. Sin duda se lo impedía medio metro de cable de acero enrrollado en su cuello, así como el hecho de que llevase completamente muerta ocho horas. Quiso pedir ayuda a Dios, pero no recordaba si era católico.